Cuando esperaba el nacimiento de mi hija Grecia, mi perro pilzin se puso muy celoso, al grado que no se despegaba de mí ni un sólo instante, cuándo estaba en la casa.
Dormía
con nosotros (con él rompí esa regla de que animales y embarazo no se llevan).
Sin
embargo cuando Grecia nació, en lugar de los dulces le gustaban las croquetas.
Cuándo
íbamos al súper, ella corría a la sección de mascotas, si íbamos a la
veterinaria, la doctora sabía que le tenía que dar un puño de croquetas para
tenerla tranquila.
cierto
día que fuimos a una presentación de xolos, los patrocinadores estaban
obsequiando bolsitas con croquetas para nuestros perros -Grecia sabía muy bien
lo que contenían las bolsitas, y sabía que no eran dulces- y lloró tanto por
una de ellas que se la dieron, -un tanto confundidos- pues ellos creían, que
ella creía que eran dulces.
En el
evento de la II muestra mundial plástica de las razas mexicanas, nos
encontramos a varios amigos criadores y más de uno le preguntó. ¿Todavía te
gustan las croquetas?
Ella
se sonrojó mucho, anécdotas de niña.
Sin
embargo fue precisamente ésta historia, la que me inspiró para hacer éste
cuadro.


Hola…
ResponderBorrarcon todo lo que dices de el, la historia es tan linda que el cuadro toma un significado diferente…
jiji y nunca le hicieron daño las croquetas??
ResponderBorrarsaben a tierra jojo
esta muy bonito el cuadro! saludos :D